martes, 11 de marzo de 2008

Filosofía y negocios, ay


(Escribo desde una máquina cuyo teclado está organizado y configurado para escribir en alemán, así que disculpen las faltas "tipográficas".)
Hoy recibí un e-mail de Isaac, mi companiero de cubículo en el IIF. Resulta que buena parte de la comunidad de estudiantes de filosofía en la FFyL de la UNAM está indignada, con justa razón, por la comunicación publicada en Milenio con el título sarcástico Quién quiere estudiar filosofía en la UNAM? Carlos Mota es "columnista nacional de negocios, conduce diariamente Imagen Empresarial, publica su columna en Milenio" y, según se aprecia en la susodicha columna, cree que las perspectivas profesionales que ofrece la FFyL se reducen a la de guerrillero; que nuestro título profesional nos acredita como desconstructores del mundo (y no en el sentido deleuzeano).

Estoy del otro lado del Atlántico, pero hasta acá llegaron las noticias recientes impregnadas de descalificación. Hasta acá se notó la estrategia mediática de virar los ojos del nuevo Pemex-gate (otra vez?) y ponerlos, cuadrados, sesgados en "Lucía de filosofía" y su relación con nuestra institución. Hay mucho que discutir sobre esto. Pero lo que quiero reproducir aquí es el mail que le envié a Carlos Mota respecto de la comparación que hace entre la filosofía y los negocios. Reconozco que escribo desde un lugar, hasta donde sé, poco común -desde quien ha puesto los pies en ambos lugares. Lo pongo, pues, a su consideración.

Leí tu columna en Milenio. Esa donde tachas a la filosofía (no la disciplina, te leí bien, pero al menos la licenciatura que se estudia en la UNAM) de económicamente improductiva, de conceder licencias para romper el mundo en lugar de construirlo. Esa donde te alarma nuestra falta de interés por emplearnos en las McKinseys del mundo (corporaciones que, dicho sea de paso, llevan el adoctrinamiento a su máxima expresión).

Con una licenciatura en biología y una maestría en filosofía (ambas por la UNAM), he incursionado en el mundo de los negocios -tanto en la práctica como en la teoría- y me ha parecido un mundo sumamente interesante. Pero conocerlo no me ha hecho menos crítica de él ni más "constructiva". Tampoco ha hecho mi trabajo socialmente más relevante. No.
Lo que sí ha hecho es ampliar el rango de aplicación de mis habilidades y conocer una manifestación más de la cultura. Te equivocas, pues, al sugerir que alguien que no entiende el lenguaje de Bimbo -no porque no tenga la capacidad de hacerlo, sino por que elija no hacerlo- es incapaz de encontrar un lugar en el mundo. El paisaje que dibujas es simplemente maniqueista. Ante la disyuntiva: administrar para prosperar o conocer para transformar, yo escojo ambas.

2 comentarios:

Martín Bonfil Olivera dijo...

Querida Viv:

Qué bien enterarme de que no fui el único indignado por la pendejada de Carlos Mota (quien ha llegado a publicar en su columna la frase "bendito capitalismo" nomás que no logro encontrarla...).

Yo dudé mucho en qué hacer: enviarle una carta dura, incluso agresiva. Publicar una respuesta igual, dura, en mi propia columna de Milenio. Publicar algo mucho más duro, agresivo, sarcástico, corrosivo, en mi blog ¡Mira!...
Pero enviarle una carta como lector no era apropiado, pues soy su colega columnista. Y gastar una de mis escasas columnas semanales para hacerle más propaganda a él, que publica diario, era un desperdico.

Al final, opté por aprovechar el "privilegio" que tengo de verlo en persona cada lunes, cuando él sale y yo entro a la cabina de radio con Pedro Ferriz de Con (a veces es un pequeño suplicio estar esperando mi turno mientras escucho las sandeces derechoso-neoliberales extremas que comentan al aire).

Así que el lunes siguiente esperé a que terminaran, entré a la cabina y frente a Ferriz le dije: "¡Qué mal, Carlos Mota, tu columna del jueves pasado! Es un ataque innecesario y falso a la UNAM, porque no porque una chava que visita a las FARC haya estudiado en Filosofía quiere decir que la UNAM forma guerrilleras [me ahorré el comentario de "¿y qué tendría de malo, ultimadamente?", porque ese sí no lo iba ni a entender]. Puede que haya asesinos que hayan estudiado en la UNAM, pero eso no quiere decir que la UNAM forme asesinos. Lo único que logras es atacar a la universidad pública. No se vale."

Él sólo sonrió, hizo algún comentario cínico (estudió en el ITAM, por cierto), y me preguntó si ya había leído su contestación a sus críticos de ese lunes (http://www.milenio.com/mexico/milenio/notaanterior.asp?id=933806), donde dice que "Hasta el filósofo más sesudo quiere vender libros. De eso vivimos", y a un crítico le dice "deseo que gane mucho dinero como profesional de las Letras".

Como se ve, el nivel de este tipo es ese: ser cínico y argumentativamente tramposo, y creer que la importancia de la filosofía es vender libros.

Por desgracia, yo tengo que seguirlo viendo, y muchos lectores lo siguen leyendo. ¡UF!

Martín

Martín Bonfil Olivera dijo...

¡Ah! Me olvidaba: también le dije "¡YO quiero estudiar filosofía en la UNAM!" (lo cual es estrictamente cierto, aunque si me juzgan por mis actos, y no por mis dichos, no lo parece).