domingo, 2 de marzo de 2008

Generalice con precaución


Hoy me topé con un video informativo (no mucho) en YouTube. Dice que "la ansiedad es una respuesta exagerada a una situación en peligro. Cuando se generaliza, conduce al miedo, las fobias, el pánico y la obsesión". Es decir, define el miedo como ansiedad generalizada. Además de que sugiere lo último que me faltaba, que el miedo mismo tiene una suerte de generalidad, me contrarió un poco. ¿Es mi miedo a generalizar producto de una respuesta exagerada a mi situación -digámosle académica: la que demanda la cohesión de los capítulos de mi tesis doctoral y la viabilidad de mis artículos en borrador? ¿Significa esto que estoy en peligro? ¿Peligro de qué?

Mientras continúo detectando, en mi diaria jornada de escritura-investigación, miedo a la acción de generalizar en primera persona, esa que puede simultáneamente arrojarme al abismo filosófico y rescatarme de la página en blanco; mientras separo esa sensación de la que me producen los esfuerzos (aciertos o tropiezos) generalizadores de los demás -que no suelen conducir a la sudoración de las manos, sino a la patificación del hígado (como dice mi amiga Edna) ya sea por buenos o por malos- Martín Bonfil me ofrece una salida:
"¡Generalice con precaución!".

Parafraseando la campaña publicitaria de la nueva fragancia de Diesel, Fuel for life...
Are you afraid?
Generalize with caution

lunes, 4 de febrero de 2008

Hábitos adquiridos


Además del miedo a generalizar, he descubierto que padezco otras fobias relacionadas. Mis interlocutores en el seminario de redes (ver Divertimientos) -uno ingeniero, otro divulgador de la ciencia, ambos inteligentísimos- me han hecho ver que constantemente evito "ensuciarme" las manos con la realidad, o como digo yo: bang my head against the metaphysical wall.

Se trata de un hábito adquirido mediante el cual evito pronunciarme (¡horror!) a favor de un realismo ingenuo y a favor, también, de un extremo constructivismo. Puesto que mi idea de postura sensata: un realismo contextual/atenuado/intervencionista a la Hacking ("si los puedes rociar, entonces existen" a propos electrones) que admita a su vez la injerencia del hombre en la construcción de lo que conoce como real, es difícilmente sostenible por no decir sospechosamente conciliador, tiendo a alejarme de estas discusiones.

Ocupo mi cabeza con los modelos, con las representaciones, con la luz que se le pueda echar a los fenómenos para dar cuenta de ellos. Ya los escucho: ¡cobarde! Quizás. Pero esa etiqueta, como bien saben, no me molesta. Lo que sí me inquieta es que, cuando surge el problema fuera de círculos estrictamente filosóficos, se hace patente mi responsabilidad como persona científica y filosóficamente informada de pronunciarme, de hacer ver cómo lo que denominamos filosofía de la ciencia tiene valor y utilidad para aquellos -ingenieros, científicos, divulgadores- quienes todos los días se tropiezan con la realidad.
Empieza a dolerme la cabeza.

viernes, 11 de enero de 2008

Aborto y acrobacia argumentativa


Algunos de ustedes se preguntarán por qué en nuestro país seguimos discutiendo (así sea en foros plurales y serios, como éste) si la despenalización del aborto es necesaria/aceptable/moral/constitucional. ¿No es obvia la respuesta? Pues resulta que para muchos (en especial, para nuestros legisladores) no lo es, de ahí la importancia de orgnaizar un evento como el que está teniendo lugar esta semana en el IIJ de la UNAM. Sobre la mesa de discusión se han puesto argumentos sólidos que fundamentan la despenalización desde diversos puntos de vista (social, legal, médico, científico). Pero me llama la atención que uno de los temas recurrentes siga siendo la pregunta acerca del estatus del óvulo fecundado: ¿es o no una persona? Me llama aún más la atención la pretensión de darle respuesta.

Unos responden, mediante acrobacias argumentativas y embriología ad hoc, que por cuanto el cigoto contiene el genoma completo de un ser humano, constituye en sí mismo una persona (echando por la borda un siglo de debate filosófico y científico en torno al determinismo genético y el preformacionismo). Otros invocan entelequias e impulsos vitales con el mismo propósito (tergiversando, a su vez, el aporte más lúcido de la biología vitalista y organicista de los siglos XVIII y XIX).

Ante este tipo de propuestas, nuestros comunicadores científicos y juristas salen al rescate. Muestran cómo a través del primer "argumento" se puede concluir que con cada transplante de riñón se transplantan también cientos de miles de "personas". Nos recuerdan que el impulso vital no reside en ninguna de las capas germinales, sino que sólo se puede incorporar al cigoto de manera retórica, a través de argumentos circulares. Presentan nociones filosóficas y jurídicas de persona en las que el relativismo absurdo (disfrazado de tolerancia) que algunos invocan con el fin de otorgarle personalidad al cigoto, queda muy perjudicado.

Tengo dos intuiciones al respecto: (1) Se trata de un falso problema.
Cada vez que se plantea la pregunta me acuerdo de un pasaje de Palinuro de México: "Dime, Palinuro ¿cuándo comienza tu vida a ser tu vida?" No hay una respuesta, sino tantas -y tan absurdas- como las Fernando del Paso decide dedicarle en su novela (al menos dos cuartillas); y (2) Si habremos de tomarnos en serio la pregunta y responderla, esto deberá hacerse desde un enfoque interdiscipinario, puesto que el gineco-obstera, el abogado o el filósofo no podrán -independientemente- dar una respuesta relevante y de utilidad.
Así pues, me manifiesto a favor del diálogo pero en contra de la farseización del debate.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Para leer (en menos de los que se hornea un pavo)


Isol escribe e ilustra los mejores libros infantiles. Paul Auster escribe historias urbanas en las que se involucran teléfonos, escritores, cartas y detectives (aunque no sólo escribe de éstas). ¿Qué pasa cuando se juntan estos dos talentos -uno bonairense, el otro neoyorquino- en la víspera de la navidad?

Una historia navideña poco convencional narrada por la pluma de Auster, los dibujos de Isol y, si se quiere, la voz de Auggie Wren -en iguales proporciones. Como bien dice la contraportada de este librito: "a truly unsentimental but completely affecting tale".
¡Felices fiestas a todos!

jueves, 13 de diciembre de 2007

Instantáneas vs generalizaciones


En el más reciente post de su blog filosófico, DRXL -el Dr. Axel Barceló (quien además de ser filósofo compone música electrónica)- nos ofrece no una, sino 12 (¡doce!) aserciones que recogió durante su asistencia al XIV Congreso Nacional de Filosofía celebrado el pasado mes de noviembre en Mazatlán, Sinaloa.

Dos ejemplos de la lista:
§2. No hay formas argumentales falaces, sólo usos falaces de argumentos (Luis Vega).
§8. Las matemáticas explican porque son terreno fértil para cosechar modelos analógicos (James Brown).

Ignoro si estas aserciones las hayan pronunciado textualmente los ponentes que DRXL cita (yo no estuve en Mazatlán), o si la labor de frasearlas a modo de generalización la haya hecho el mismo Axel, pero creo que podemos hacer una distinción entre 'generalizaciones' propiamente, esos enunciados atemporales, abarcadores y de espíritu totalizador los cuales -sigo pensando- nos dedicamos los filósofos a desinflar (ver mi post de mayo) y 'tesis' sincrónicas que no se postulan sin asumir que constituyen instantáneas del pensamiento de quien las enuncia y que están siempre sujetas a revisión.

La lista que hace DRXL muestra, en mi opinión, 12 instancias del segundo tipo de enunciados. Y me gusta porque deja asomar el carácter dinámico de la filosofía. En este sentido, la filosofía se parece mucho a las ciencias.



jueves, 29 de noviembre de 2007

Last Lecture: permiso para generalizar


La "última conferencia" que dictó recientemente Randy Pausch, profesor de computación y arte elctrónico en Carnegie Mellon, ha recibido muchísima atención por parte de los medios (y al menos uno de mis amigos, quien me platicó de ella). Este género conferencístico, denominado Last Lecture, consiste en que el invitado -alguien con cierta reputación y logros académicos- platique delante de un enorme auditorio cómo es que llegó al lugar donde se encuentra, que comparta sus reflexiones personales y profesionales. Y que lo haga sin miedo a generalizar, pues corresponde a lo que diría si esa fuera, hipotéticamente, su última conferencia.

El revuelo que ha causado la conferencia de Pausch es que esa pudo haber sido, literalmente, su última conferencia. El hombre está muriendo de cáncer pancreático; le quedan sólo unos cuantos meses de vida. No sólo obtuvo el permiso para generalizar al ser invitado a impartir una Last Lecutre, sino que posee, además, la autoridad moral para hacerlo. ¿Quién le negaría a un hombre moribundo su derecho a generalizar, a ventilar un par de "netas" que colectó durante esa vida que está a punto de perder? Y a decir verdad, lo hizo heroicamente (vean la conferencia, el tipo es realmente carismático).

En ese tenor, Pausch dijo muchas cosas. Ésta es una de ellas: "Experiencia es lo que obtienes cuando no obtienes lo que querías". Una generalización simple y aparentemente inofensiva, pero una que, -él mismo confesó en una entrevista televisiva posterior- no habría pronunciado de no encontrarse realmente en esta circunstancia. ¿Se necesita estar en una posición similar para perder el miedo a generalizar, para obtener el permiso de hacerlo?

Ejercicio: ¿qué diría yo en una Last Lecture? Imposible responder. Primero, porque -a pesar de tener diploma de filósofa- no se me da eso de los experimentos mentales. Segundo, porque no cumplo los requisitos de tener cierta reputación y logros académicos que me llevarían a la posibilidad de dictar una última conferencia (ni siquiera he dictado una primera). Tercero, porque no logro desprenderme del miedo.

Pero quizás, si llego a vieja y tengo a los 85 años todavía lucidez y ganas de bloguear, si la experiencia me ha hecho superar el miedo, o si no lo he superado pero decido enfrentarlo -si mi vejez viene acompañada de necedad y la inminencia de la muerte, como la de Elizabeth Costello- escriba un nuevo blog subtitulado "Breves generalizaciones de una vieja filósofa." Por ahora sólo me atrevo a transcribir un intercambio ficticio (de la novela de J. M. Coetzee), del que se desprende una frase digna de una Last Lecture y digna, también, de ser tomada en serio:
'But your own vegetarianism, Mrs Costello,..it comes out of moral conviction, does it not?'
'No, I don't think so,..It comes out of a desire to save my soul.'
'Well, I have great respect for it,..As a way of life.'
'I'm wearing leather shoes,..I'm carrying a leather purse. I wouldn't have much respect for it if I were you.'
'Consistency,..Consistency is the hobgoblin of small minds. Surely one can draw a distinction between eating meat and wearing leather.'

jueves, 18 de octubre de 2007

Epistemología de las pérdidas


Hace casi veinte años, una niña telefoneó al locutor de Radio Infantil y compartió la siguiente adivinanza: ¿Por qué cuando perdemos algo, el último lugar donde lo buscamos es donde lo encontramos? Respuesta: porque cuando lo encontramos, dejamos de buscarlo. Anécdota verídica que sirve para ejemplificar el tipo de fenómenos del que debería dar cuenta una epistemología de las pérdidas.

Y a propósito de mermas, “nadie sabe el bien que tiene hasta que lo ve perdido” bien pudiera interpretarse como una brevísima teoría acerca de cómo saber que algo se tiene. La condición necesaria para saber que se tiene el bien que se tiene es verlo perdido. Dicho de otro modo, para perder algo es un requisito haberlo tenido. Simple. Pero no podemos saber que tenemos algo hasta que lo perdemos. Además de paradójico, doloroso.

Luego nos enfrentamos a la dificultad de hacer una taxonomía de lo perdido, pues está lo que se pierde a propósito (e.g., peso) y lo que se busca retener a toda costa pero se pierde de todas maneras (e.g., el cabello). Ni se diga de perderse a sí mismo, que depende mucho del contexto y a veces es bueno y a veces no lo es tanto. Están los que supuestamente pierden la razón, incluso cuando podemos asegurar que nunca la tuvieron. También hay casos especiales que tienden a ser malinterpretados, como "perder el oído". Se pierde la capacidad auditiva, pero el oído, si lo entendemos como estructura anatómica, no es lo que se pierde.

Por si esto fuera poco, una epistemología de las pérdidas debería poder desbaratar aseveraciones harto ambiguas, como "nuestra sociedad actual se caracteriza por una pérdida brutal de valores", que apelan a "la pérdida" como causa universal de todas nuestras desdichas. Es un trabajo duro el de los epistemólogos.